15 de marzo del 2011

Acabé los exámenes. Sí, esta noche ha nevado. Jamás he visto la nieve, me encantaría ir. Me llamas, me invitas a pasar una tarde en la nieve. Ni me lo pienso dos veces, cojo un abrigo, guantes, una bufanda y espero impaciente a que me avises. No sé por qué tiemblo…No sé si es la emoción de ver algo nuevo o de volver a verte a ti después de una semana larga. No sé, no quiero pensar que sea por lo segundo, aunque por instantes, sí que lo pienso. Me das un toque y bajo corriendo. Llegas y me recoges, estás tan genial como siempre. Ponemos música a tope y emprendemos el largo camino. Empezamos a hablar de cómo nos ha ido y ya después hablamos de cosas más personales. Es tan agradable poder compartir conversaciones de todo tipo con alguien…Estaba pensando en acercarme un poco y darte un beso en la mejilla. Todavía no me atreví. No sabía qué contarte que no te hubiese contado ya…Ya no sé qué contarte que no te haya contado ya. Ya no sé qué besarte, que no te haya besado ya. Es la canción que tarareo en tu coche. Bajas la música, te gusta escucharme cantar. Viene la policía detrás, ¿Adelantamos? Sí. Me sube la adrenalina y mi pulso aumenta sin control. Cada vez, disminuye más la temperatura. 5, 4, 3ºC…Empieza a hacer frío. Me pongo el abrigo, los guantes y la bufanda, tu no te inmutas, no tienes frío. Y entonces, empiezo a ver nieve. Saco mi cámara de vídeo, y empiezo a grabar. Te burlas de mi, parezco una niña pequeña el día de reyes. ¿Y qué? Me encanta, ver el paisaje blanco, recubierto de una brisa helada y una llovizna tan suspicaz. Seguimos subiendo, cada vez hay más nieve. Aparcamos y nos bajamos, qué paisaje tan bonito. Echo humo por la boca, me siento una niña otra vez. Entonces, fotos, fotos, muchas fotos. Caminamos por un camino hacia una casa abandonada, más nieve. Y de repente, empieza a granizar. Yo tengo gorro pero tu…Tu te congelas y corremos, parecemos dos idiotas. Corremos y nos metemos en el coche y ponemos la calefacción. Nos reímos. Mucho. Cuando paró de granizar, salimos a “construir” mi pequeña obra de arte: Un mini-muñeco de nieve sobre el capó del coche. Parecía que tenía anemia…Es bonito igual. Cuando decidimos regresar lo moviste hacia la izquierda y lo acabaste rompiendo. Casi no paro de reír…El camino hacia abajo, se hizo más corto y me dijiste: Ahora, a comer. ¿A comer? Sí, kebap. Te eché la indirecta de un postre. Reíste… Reímos…
Entonces, se iba escondiendo el sol y fuimos a por comida. Después de comer, vinieron un par de caricias inocentes y un par de besos pasados de control. Creo que aquí, ya sobran las palabras. Me llevas de vuelta a casa, mañana, a clase, otro día normal. Pero este, es necesario mencionar: Jamás lo podré olvidar.

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