Exactamente 20

Hace algún tiempo comencé a escribir una novela y subí el epílogo a mi blog. Aquí os dejo el link:

https://flametender.wordpress.com/2011/12/05/epilogo/

Ahora vamos a continuar con ella espero que les guste… 🙂

Amanecía bajo un cielo rosado y despertaba el poblado de Borals. La noche había transcurrido tranquila y ajena a las multitudes, bajo un frío de escarcha. Aún así, Lourdes apenas pudo dormir. Estaba a punto de traer al mundo a una preciosa niña, fruto de su amor con Randal. No se conocía el paradero de su marido y justo antes de morir, dejó escritas unas palabras a su hija que entregó a una de las monjas del convento de Grits. La única pena que sentía, era que su hija iba a criarse entre cuatro muros de piedra, desconociendo el exterior. Hubiese querido vivir más, recorrer miles de caminos y cruzar los océanos que no conoció. Aventuró su destino y se encontró sola y abandonada, sin saber qué hacer.

Claire, así se llamaba la madre superiora, prometió cuidar de su criatura hasta que fuese mayor de edad y le concedería la oportunidad de nadar a mar abierto, fuera de ese lúgubre lugar. Solo entonces entregaría a la niña las palabras que había dejado su madre antes de morir. Pero mientras tanto, viviría una mentira, ya que le contarían una historia acerca de su familia totalmente diferente.

Ya había amanecido en Borals y los pajarillos revoloteaban y cantaban incesantes. Se comenzaba a escuchar el llanto intenso de Gloria, así la llamaron. Cerraron los ojos de Lourdes y la bendicieron para que su alma descansase en paz. Era muy complicado trasladar el cuerpo hasta el cementerio, ya que apenas había salido el Sol y necesitaban la ayuda de algunas manos fuertes y rígidas. Los soldados no tardarían en salir a patrullar la zona y las puertas que encerraban el lugar serían abiertas. Fue entonces cuando Brigitte salió desaliñada a la calle, buscando ayuda. Sus pequeños ojos se empañaron en lágrimas y apenas podía hablar. Su ama había muerto y no sabría qué sería de su vida. Al fin, encontró a un par de señores demasiado altos para ser de su edad, y les explicó lo sucedido. Por el camino, compró una hogaza de pan y un par de huevos, algo tendría que comer ese día.

La madre superiora ya había cubierto el cuerpo de la joven madre y los soldados se encargaron del resto. Entonces, Brigitte no pudo resistirse más y rompió a llorar. Sus pálidas mejillas sonrojadas y sus ojos color miel, demostraban lo hermosa que llegaría a ser cuando fuese toda una mujer.

-Madre, ¿Qué haré con mi vida ahora que mi ama ha fallecido? – Pronunció entrecortadamente.

-No te preocupes hija, antes de morir, Lourdes dejó esta carta para tí. Me he tomado la molestia de leerla y esta casa en la que te has criado, es tuya. Sé feliz y si necesitas trabajo, puedes visitarme y te contrataré como cocinera en el convento. Sabes cocinar, ¿No es cierto?

-Sí, por supuesto que sé cocinar madre. Pero mi ama me ha dejado bastantes dineros para sobrevivir al menos más de dos años. Además, tendré que mantener el luto por mi señora y eso me llevará meses de soledad y tristeza. Le prometo visitarla para ver cómo crecerá esa hermosa hija que ha tenido. Me gustaría pedirle una cosa más madre…Pero no sé si está a su alcance el concedérmela.

-Dime hija, quizá pueda ayudarte.

-Es sobre Randal…Sé que mi señora no dormía en las noches porque esperaba su regreso de una noche a otra. No sabía a dónde partió pero seguro que a tierras muy lejanas ya que se llevó consigo bastantes provisiones. ¿Usted podría encontrar su paradero?

-¡Ay, Brigitte! -Suspiró Claire. -No te prometo nada, pero quizá Randal nunca volverá. El mundo está lleno de peligros y a su señor se le encomendó una tarea muy complicada. Algún día lo entenderás hija. Sin embargo, si por algún motivo sé algo acerca de él, te lo diré. Vive tranquila y ten fe en el Señor, el siempre te protegerá.

-Gracias madre…Vaya en paz usted también y cuide de Gloria como si fuese su madre, ella necesitará una. Siento tener que despedirme pero tengo que realizar varias tareas en este hogar antes de que se cumpla el mediodía.

-No te preocupes hija, ya partía. Y siempre, ten fe.

 

Brigitte mostró una leve sonrisa a Claire antes de cerrar el portón y caer a un vacío sin retorno. A su mente asomaron miles de recuerdos que no podían desaparecer con facilidad. Se sumió en un profundo sueño despierto del que le costó despertar.

 

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