Vuelta de hoja

Me apetece escribir algo. No quiero escribir cosas sin sentido ni cosas que nadie quiera seguir leyendo. Quiero algo que refleje lo que ahora mismo me está doliendo. Quiero demostrar al mundo que nadie está completamente solo nunca. Quiero asegurar que puedo ver cosas que quizás otros jamás vean. Puedo ser un poquito tonta pero siempre hay un límite. Conozco cada palabra que no sale de tu boca, cada detalle que se te escapa, por muy pequeño que sea. Sé exactamente lo que estás pensando ahora, pero jamás llegarás a saber qué es lo que yo estoy pensando en este mismo instante.

Con el tiempo, comprendemos muchas cosas que antes nos parecían incomprensibles. Nos paramos un rato a sentarnos en un banco donde se reproduce la película de nuestras vidas, tan bipolar. A veces tan arriba, otras tan abajo…Ahora, abajo. Anoche sinceramente estaba muy muy arriba, por eso será que ahora duele más caer. Porque cuando miramos la vida tal y como es, es cuando duele. Y nos damos cuenta de que no somos tan fuertes como parecemos ser, que quizá nunca nadie sepa el verdadero motivo por el que eres así. Te escondes, eres cobarde, deberías afrontar esta situación, no debería importarte. Pero sin embargo, te importa. Y te das cuenta de que el tiempo se encargará de ponerlo siempre todo en su lugar.

Hablemos de un concepto casi primordial en nuestras vidas. La compañía. Al menos yo tuve un amigo invisible cuando tenía 3 años, ojalá todavía existiese. Porque creo que es la única “persona” que sabía entenderme. Y sí, muchas personas saben ponerse en mi lugar e intentan hacer algo por mi, pero pocas saben cómo. Ni siquiera importa si lo intentan, no les servirá de nada. Pero el error comienza cuando cuentas con personas que no te tienen en cuenta a ti. Cuentas con palabras de consuelo, con un abrazo sin compromiso, cuentas con una llamada a horas insospechadas, cuentas con la amistad de esa persona, y ahí es cuando comienza el error.

A lo largo de mi infancia, tuve much@s amig@s, unos me caían bien, otros mejor y otros peor. Pero siempre tuve una mejor amiga, la cual ahora no tengo. A medida que iban pasando los años, perdía poco a poco la confianza, la responsabilidad, perdía el rumbo, y no entendía por qué necesitaba a una amig@. Fueron muchos errores y también muchas lágrimas, aprendí a valorar las cosas demasiado tarde y aún así, no me arrepiento. Los errores están para cometerlos y aprender de ellos, y eso hice. “Eso duele” -Me dijo. 

Ahora, ya puedo considerarme una persona consciente que asume las consecuencias de sus actos, pero a veces, no hay motivos para cometer algunos actos. No me esperaba algunas cosas que pasan, no me esperaba verme así, ni tan siquiera me esperaba sufrir. “Toca ser fuerte” -Eso mismo me digo.  Ojalá fuese tan fácil convivir conmigo misma cuando ando exigiéndome más de lo que debería.

Demos un paso más, no hace falta que nos fijemos en los pasos que quedan por dar ni en los pasos que ya fueron dados. Deberíamos prestar más atención a lo que diariamente no observamos. Volvamos a renacer, no merece la pena pensar en aquella amistad que se fue y que no volverá. La amistad es triste, quizá ni siquiera existe. A mi se me agotaron las ganas de confiar, quizá esté un poco harta de este mundo desigual.

Vuelta de hoja. 

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