Contigo aquí

Hemos venido de hacer la compra. No me dejas bajarme del coche, y espero impaciente para saber qué es lo que me espera…Te pido que metas los yogures en la nevera y te metes de nuevo en el coche. ¿A dónde me llevas? Ya verás…Conduces fuera de la ciudad y no tengo ni idea de a dónde me llevas. Ponemos música muy alta y comienzo a canturrear. Cuando menos me lo espero das un frenazo, y no puedo evitar reírme. Veo que te bajas del coche y te miro con cara de miedo: ¿Dónde estamos? y me contestas: En algún lado. Puedo ver cómo se extiende ante mis ojos una basta y extensa llanura colmada de florecillas rojas y amarillas. Me arriesgo a decirte que no pienso pasar con mis zapatos nuevos por ahí. Sin apenas pensártelo me coges en brazos y emprendemos el viaje hacia ninguna parte. No puedo evitar estar feliz, me dejo de reír. Andamos (bueno, andas tú) y me sientas sobre la rama de un árbol. Tu cara a la altura de mi pecho y mi corazón sobre tus manos. Siento la brisa fresca y el ritmo de tu respiración sobre mis pies que rodean tu cintura. Contigo aquí, el mundo me abre sus brazos, el tiempo gira despacio y soy la guardiana del calor de tus labios. Guías mi norte y soy el faro de tus sentidos que te querrá para siempre. Y no puedo dejarte de amar…Es más, no puedo ni intentarlo. No puedo perderte al final, y no te puedo olvidar. No sé luchar si no estás a mi lado, siempre a mi lado.

Me incitas a seguir subiendo hacia la colina, te pido que me lleves a piola…Por favor…Como siempre, sabemos quién lleva los pantalones, ¿No? Seguimos ascendiendo y a lo lejos comienzo a ver una sábana blanca tendida sobre la hierba. Alrededor de la misma, puedo ver algo rojo pero aún no aprecio bien lo que es. Comienzas a correr y yo no paro de reír. Entonces, ya sé qué son… ¡Fresas! ¡Me encantan las fresas! Ya sabes cuánto me encantan las fresas…Comienzo a comerlas sin tu permiso (Ni falta que hace pedírtelo). El sol comienza a ponerse y contigo aquí, palabras que me desnudan. Y es así, yo ya no creo en milagros, si tu no estás a mi lado, soy un velero en el mar del pasado. Y sigo así, un soñador sin noches, un alma sin destino, y no puedo dejarte de amar.

Prométeme ahora mismo que no cambiarías ni un solo segundo que hemos pasado juntos. Que no cambiarás ni una sola palabra, ni un solo momento de seducción, ni una sola bronca, ni un taco, ni un “te quiero”, nada. Prometido.

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